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Ensayo: Unas palabras para las personas con recursos (Enero 2012, Paul Graham)

(Translation of the Paul Graham’s Essay «A Word to the Resourceful»)

Enero 2012

NT: He traducido «resourceful» como «persona de recursos». Esta traducción dista mucho de ser perfecta, puesto que Paul Graham trata de acuñar un nuevo término que describa el tipo de persona que él cree tiene más papeletas para cambiar el mundo en algún modo. En este sentido «resourceful» describe a una persona que siempre encuentra la manera de conseguir lo que busca.

Hace un año noté un patrón en la startups menos exitosas que hemos financiado: todas ellas parecían inaccesibles, era difícil hablar con ellas. Era como si existiese una especie de muro entre nosotros. Nunca me quedaba claro si entendían lo que trataba de decirles.

Esto atrajo mi atención porque anteriormente habíamos notado un patrón que se repetía entre las startups más exitosas, y parece depender de una cualidad diferente. Descubrimos que las startups que lo hacían mejor eran aquellas que tenían el tipo de fundadores de los que podíamos decir «pueden cuidar de sí mismos». Las startups que funcionaban mejor eran aquellas que funcionaban solas, que solo necesitaban que les diésemos algo de dirección y entonces se encargaban del resto, sin importar la dirección en que se moviesen. Cuando estaban buscando financiación, por ejemplo, podías hacer las presentaciones iniciales sabiendo que si quisiéramos podíamos dejar de ayudarlos en ese mismo instante. No teníamos que hacer de niñera durante la ronda de financiación para asegurarnos de que consiguieran dinero. Ese tipo de fundador era el que volvía con dinero; la única duda era la cantidad y las condiciones.

Parece extraño que los que despuntan en los lados del espectro puedan ser detectados por lo que parecer ser pruebas completamente distintas. Lo normal sería esperar que los fundadores en uno de los extremos del espectro se distingan por poseer la cualidad X, y que los del otro lado se distingan por no poseer X ¿Es posible que existan una especie de relación inversa entre ser una persona de recursos y ser una persona con la que es difícil tener una conversación?

Resulta que tal conexión existe, y la clave para este misterio es el viejo adagio «al sabio, una sola palabra le basta». Debido a que no solo se ha abusado de esta frase, sino en el sentido erróneo (generalmente como advertencia), la mayoría de la gente que la ha escuchado no sabe lo que significa. Viene a decir que si alguien es sabio, todo lo que tienes que hacer es decirles una palabra, y esa persona entenderá todo de inmediato. No tienes que explicarles las cosas en detalle, ellos descubrirán todas las implicaciones.

De la misma forma que todo lo que tienes que hacer, cuando tienes el tipo de fundador adecuado, es hacer una breve introducción a un VC, dejando que el fundador haga el resto para conseguir el dinero. Esa es la conexión. Entender todas las implicaciones, incluso las que son inconvenientes, de lo que alguien te dice es, a mi modo de ver, un subconjunto de lo que se considera ser una persona con recursos. Es tener recursos conversacionales.

Como ocurren con tener recursos en el mundo real, tener recursos conversacionales implica a menudo hacer cosas que no quieres hacer. Buscar todas las implicaciones de lo que se te diga puede llevar a menudo a conclusiones con las que te no te sentirás confortable. La palabra que se me ocurre para describir el fallo al hacerlo es «negación», aunque me parece un poco restrictiva. Una mejor manera de describir esa situación es decir que los fundadores que no son exitosos tienen una especie de pensamiento conservador que surge de sus debilidades. Se mueven a través del espacio de ideas tan cautelosamente como lo haría una persona muy anciana por el mundo real. [1]

Los fundadores no exitosos no eran estúpidos. Intelectualmente eran tan capaces como los exitosos en cuanto a seguir las implicaciones de lo que les decíamos. Simplemente se sentían menos inclinados a hacerlo.

Por tanto, ser una persona con la que cuesta tener una conversación no era lo que mataba a las startups no exitosas. Era un signo de la subyacente falta de recursos. Eso era lo que les mataba. Así como el fallar en seguir las implicaciones de lo que les decíamos, los fundadores no exitosos también fallaban en encontrar financiación, y usuarios, y fuentes de nuevas ideas. Pero la evidencia más inmediata que tenía de que algo fallaba era que no podía conversar con ellos.

Notas

[1] Un socio de YC escribió:

Mi sensación con los grupos malos es que vienen a trabajar como si estuviesen en una oficina, ya ha decido que van a hacer y cualquier cosa que les diga debe pasar por un proceso interno por sus cabezas, que deliberadamente trata de transmutar lo que les he dicho en algo que se integre con lo que ya han decidido o simplemente rechazarlo e inventar una racionalización para ello. Puede que ni siquiera sean consciente de este proceso, pero es lo que creo que pasa cuando le dices algo a los grupos malos y tienen esa mirada extraña. No creo que sea confusión o falta de entendimiento per se, es ese proceso interno que he descrito.

Con los grupos buenos, puedes dar por sentado que todo lo que les digas será mirado con buenos ojos incluso si lo acaban rechazando, y si lo han rechazado es por una razón lógica: «ya lo hemos intentado» o «después de hablar con nuestros usuarios sabemos que no es lo que quieren», etc. Esos grupos nunca tienen esa extraña mirada.

Gracias a Sam Altman, Patrick Collison, Aaron Iba, Jessica Livingston, Robert Morris, Harj Taggar, y Garry Tan por leer borradores de este ensayo.

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Ensayo: Definiendo «Propiedad» (Marzo 2012, Paul Graham)

(Translation of the Paul Graham’s Essay «Defining Property»)

Marzo 2012

Cuando era un niño leí un libro de historias sobre un famoso juez japonés del siglo dieciocho llamado Ooka Tadasuke. Uno de los casos vino del propietario de una tienda de comida. Un estudiante pobre que solo podía permitirse comer arroz disfrutaba de los deliciosos olores que venían de la tienda de comida. El propietario quería que el estudiante pagase por los olores que estaba disfrutando. Argumentaba que ¡el estudiante le estaba robando sus olores!

Esta historia a menudo me viene a la cabeza cuando oigo que la RIAA y la MPAA están acusando a gente de robar su música y sus películas.

Puede sonarnos ridículo que los olores se traten como una propiedad. Pero puedo imaginarme escenarios en los que podrían cobrarse los olores. Imagina que estuviésemos viviendo en una base lunar donde hay que comprar aire a litros. Puedo imaginarme a los proveedores de aire añadiendo fragancias por una pequeña cantidad extra.

La razón por la que nos suena ridículo tratar los aromas como una propiedad es que no funcionaría en nuestro mundo. Sin embargo, podría hacerlo en una base lunar.

Lo que consideramos una propiedad es aquello que podemos tratar como una propiedad. Y no solo puede cambiar la definición de algo como propiedad, ya lo ha hecho en el pasado. Los seres humanos siempre (para algunas definiciones de «humano» y «siempre») han tratado como propiedad los pequeños objetos que una persona lleva. Pero los cazadores-recolectores no consideraban que la tierra, por ejemplo, fuese una propiedad en su concepción del mundo. [1]

La razón por la que tanta gente piensa que «propiedad» tiene una única definición que no ha cambiado jamás se debe a que su definición cambia lentamente. [2] Pero estamos en mitad de uno  de esos cambios en estos momentos. Los sellos discográficos y los estudios de cine distribuían lo que creaban como si fuesen botellas de aire en una base lunar. Pero al advenimiento de las redes de datos ha supuesto un cambio drástico, como si pasáramos de una base lunar a un planeta con atmósfera respirable. Los datos se mueven ahora como olores. Y, gracias a una combinación de ilusiones auto-generadas y avaricia cortoplazista, los sellos discográficos y los estudios de cine se han puesto ahora en la situación del propietario de la tienda de comida japonesa: nos acusan al resto de robar sus olores.

(La razón por la que digo «avaricia cortoplacista» es que el problema de fondo con los estudios y sellos es que la gente que los dirige están guiados por sus bonus en lugar de por el valor de las acciones. Si fuesen el valor de las acciones lo que les guiase, estarían interesados en las ventajas que este cambio tecnológico en lugar de combatir lo inevitable. Pero todo el mundo sabe que crear cosas nuevas lleva demasiado tiempo. Sus bonus dependen de los beneficios de cada año, y la mejor manera de incrementarlos consiste en extraer aún más dinero de los productos que ya tienen.)

Por lo tanto, ¿qué significa todo esto? ¿No debería la gente cobrar por el contenido? No existen respuestas sencillas para esta pregunta. La gente debería cobrar por contenido cuando tenga sentido y funcione.

Pero por «funcione» quiero decir algo más sutil que  «cuando lo consigan». Quiero decir que se debería cobrar por contenido sin tener que cambiar la sociedad para que sea posible. Después de todo, las empresas que vendiesen olores en la base lunar podrían venderlos también en la Tierra, todo lo que tendrían que hacer es forzar leyes que nos obligasen a todos a respirar usando bombonas de aire en la Tierra, incluso si no las necesitásemos.

Las medidas legales locas que los sellos y los estudios han tomado por el momento van en esta línea. Periódicos y revistas van en la misma dirección, pero por lo menos están declinando en sus ventas grácilmente. RIAA y MPAA nos harían respirar de bombonas de aire si pudiesen.

Al final todo se reduce a sentido común. Cuando se abusa del sistema legal, tratando de hacer juicios masivos contra gente escogida al azar como forma de castigo ejemplar, o se usan lobbies para crear leyes que destruyan la Internet que conocemos si salen adelante, es ipso facto evidente que están usando una definición de propiedad que no funciona.

Por eso resulta tan útil tener democracias que funcionen y países soberanos independientes. Si el mundo tuviese un único gobierno autocrático, los sellos y los estudios podrían «comprar» leyes, redefiniendo el concepto de propiedad como quisieran. Pero afortunadamente aún existen algunos países que no son colonias «copyright» de Estados Unidos, en incluso en Estados Unidos, aún parecen existir suficientes politicos con miedo a los votantes. [3]

A la gente que dirige Estados Unidos puede que no les guste que los votantes u otros países decidan rechazar doblegarse a su voluntad, en el fondo es en el interés de todos que no exista un único punto de ataque que permite a la gente cambiar las leyes para que sirva a sus propios propósitos. La propiedad privada es una idea extremadamente útil, indiscutiblemente una de nuestras mejores invenciones como especie. Hasta el momento, cada una de sus nuevas definiciones nos ha traído un incremento en nuestra riqueza material. [4] Parece razonable suponer que una nueva definición también lo hará. Sería un desastre si tuviésemos que seguir funcionando con una definición desfasada solo porque unas pocas personas poderosas fueron demasiado vagas como para actualizarse.

Notas

[1] Si quieres aprender más sobre los cazadores recolectores recomiendo encarecidamente dos libros de Elizabeth Marshall Thomas: The Harmless People y The Old Way.

[2] Los cambios en la definición de propiedad están guiados en su mayoría por el progreso tecnológico, sin embargo debido a que el progreso tecnológico avanza de forma acelerada debemos suponer que la definición de propiedad también lo haga. Esto significa que es cada vez más importante que las sociedades sean capaces de responder grácilmente a tales cambios, porque se darán cada vez más a menudo.

[3] Hasta donde yo se, el término «colonia copyright» fue empleado por primera vez por Myles Peterson.

[4] El estado de la tecnología no es función de la definición de propiedad. Ambas restringen a la otra parte. Dicho esto, no puedes jugar con la definición de propiedad sin afectar (y probablemente dañar) el estado de la tecnología. La historia de la URSS ofrece una demostración ilustrativa de ello.

Gracias a Sam Altman y Geoff Ralston por leer borradores de este ensayo.

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Ensayo: Escribir y hablar (Marzo 2012, Paul Graham)

(Translation of the Paul Graham’s Essay «Writing and Speaking»)

Marzo 2012

Paul Graham
Paul Graham

No soy un buen conferenciante. Digo «um» demasiado. A veces tengo que tomarme pausas porque pierdo el hilo. Me gustaría ser mejor conferenciante. Pero no estoy tan interesado en mejorar mis dotes de presentación como en ser un mejor escritor. Lo que de verdad quiero es tener mejores ideas, y eso está mucho más conectado con ser buen escritor que con ser buen conferenciante.

Tener buenas ideas es lo más importante para escribir bien. Si sabes de lo que estás hablando, serás capaz de expresarlo de forma sencilla y la gente percibirá que tienes un buen estilo. Al hablar pasa lo contrario: tener buenas ideas es un componente alarmantemente pequeño de lo que se considera ser un buen conferenciante.

Me di cuenta de esto por primera vez hace algunos años, en una conferencia. Había otro ponente que era mucho mejor que yo. Nos tenía a los asistentes riendo. En comparación yo parecía raro y paraba demasiado. Posteriormente puse mi charla online como de costumbre, y mientras la transcribía me preguntaba como sería la transcripción de la charla del otro ponente. Solo entonces me di cuenta de que casi no había dicho nada.

Quizá esto sea obvio para alguien acostumbrado a dar charlas, pero fue una revelación para mí: las ideas importan mucho menos cuando hablas que cuando escribes. [1]

Unos años después escuché la ponencia de alguien que no solo era mejor ponente que yo, además era famoso. Ya te digo que era bueno. Así que decidí prestar atención a lo que decía, para aprender su forma de hacerlo. Después de diez frases me encontré repitiéndome a mí mismo: «no quiero ser un buen ponente».

Ser un ponente realmente bueno no es solo ortogonal a tener buenas ideas, sino que de cierta manera te aleja en la dirección opuesta. Por ejemplo, cuando doy  una charla normalmente la escribo antes. Se que es un error, se que dar una charla pre-escrita hace más difícil conectar con la audiencia. La forma de conectar es prestarles tu total atención, y cuando estás usando un guión tu atención está siempre dividida entre la audiencia y la charla (incluso si la has memorizado). Si quieres conectar es mejor comenzar con algunas frases que expresen tus ideas y conectarlas durante la charla. Pero si haces esto nunca podrás dedicarle a cada frase más tiempo del que te toma simplemente decirla, no puedes parar a pensar. [2] A veces el hablar a una audiencia en directo puede hacer que tengas nuevas ideas, pero en general no generará ideas tan buenas como las que puedes tener escribiendo, donde puedes dedicar tanto tiempo como quieras a cada frase.

Si ensayas una charla pre-escrita lo suficiente, podrás acercarte asintóticamente al tipo de conexión con la audiencia que puedes lograr cuando hablas libremente. Pero de nuevo te enfrentarás a la disyuntiva entre hacer un discurso ameno y exponer tus ideas. El tiempo que emplees practicando una charla lo podrías invertir haciéndola mejor. Los actores no pueden tener esta tentación (excepto en los casos en los que ellos han escrito el guión), pero los ponentes se pueden permitir este lujo. Antes de dar una charla es normal encontrarme en algún rincón con una copia de la misma en papel, tratando de ensayarla en mi cabeza. Pero al final siempre acabo reescribiéndola. Cada una de mis charlas acaba siendo una versión modificada del manuscrito original, llena de tachones. Lo que, por supuesto, me hace pararme aún más, porque no tenido tiempo para practicar las partes nuevas. [3]

Dependiendo de tu audiencia, existen incluso disyuntivas peores. A las audiencias les gusta ser agasajadas; les gustan los chistes; les gusta ser estremecidos por un vigoroso torrente de palabras. Conforme decrece la inteligencia de la audiencia, uno es mejor ponente cuanto mejor sea diciendo chorradas. Lo que es verdad cuando se escribe también, pero al dar charlas se nota mucho más. Cualquier se atonta más cuando forma parte de una audiencia que cuando lee. De igual forma que el ponente no puede invertir más tiempo en cada frase del que tarda en decirlas, el asistente no puede invertir más tiempo pensando en cada frase del que tarda en escucharla. Además de que en una audiencia siempre te afectan las reacciones de los demás, reacciones que se contagian de persona a persona y son desproporcionadamente más brutas, al igual que los tonos graves viajan mejor por las paredes que los agudos. Cada audiencia es una turba en potencia, y un buen ponente lo sabe. Una de las razones por las que me río tanto con la charla de un buen ponente es que el resto de la audiencia se ríe también. [4]

Así que, ¿son las charlas inútiles? Está claro que son inferiores a la palabra escrita como fuentes de ideas. Pero esa no es su única finalidad. Cuando voy a una charla, es porque me interesa el ponente. Asistir a una charla es lo más cerca que puedes estar a una conversación con por ejemplo un presidente, que no tiene tiempo físico para reunirse individualmente con toda la gente que quiere conocerle.

Las charlas son también buenas motivándome a hacer cosas. No es una coincidencia que tantos ponentes sean descritos como conferenciantes motivacionales. Este podría ser el objetivo de las charlas y probablemente eran su objetivo original. Las reacciones emocionales que puede generar una charla son una poderosa fuerza. Y me gustaría poder decir que esta fuerza se usa más a menudo para el bien que para el mal, pero no estoy seguro.

Notas

[1] No me hablo de las conferencias académicas, que son diferentes. Mientras que la audiencia en una charla académica puede apreciar un chiste, hará (o debería hacer) un esfuerzo consciente por descubrir las nuevas ideas que estás presentando.

[2] Esto pasará en el peor de los casos. En la práctica normalmente hablar acerca de algo sobre lo que has escrito o hablado antes, y conforme avances irás reproduciendo frases que ya habías dicho en algún sitio. Como en la arquitectura medieval temprana, las charlas impromptu están hechas de spolia (restos de otros monumentos). Considero esto algo deshonesto, aunque de forma accidental, porque dará la sensación de que estás frases se te han ocurrido en el momento, cuando en realidad están preparadas.

[3] Robert Morris apunta aquí que existe una forma de practicar charlas que las mejora: leerlas en voz alta te hará descubrir las partes que no encajan. Estoy de acuerdo con él, y por esa razón leo en voz alta la mayoría de cosas que escribo al menos una vez.

[4] Con audiencias suficientemente pequeñas puede que no sea cierto que pertenecer a una te haga más tonto. El auténtico declive parece ocurrir cuando la audiencia es tan grande que la charla deja de ser una conversación, probablemente cuando se superan las 10 personas.

Gracias a Sam Altman y Robert Morris por leer borradores de este ensayo.

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"Understanding is a poor substitute for convexity (ANTIFRAGILITY)"

Nassim Taleb
Nassim Taleb

Interesting article by Nassim Taleb (of “Black Swan” fame) about his new theory: Antifragility. Many of the last essays of Paul Graham have a similar tone and talk about the same principles. His seven rules are:

  1. Convexity is easier to attain than knowledge (in the technical jargon, the “long-gamma” property)
  2.  A “1/N” strategy is almost always best with convex strategies (the dispersion property)
  3.  Serial optionality (the cliquet property)
  4.  Nonnarrative Research (the optionality property)
  5. Theory is born from (convex) practice more often than the reverse (the nonteleological property
  6. Premium for simplicity (the less-is-more property)
  7. Better cataloguing of negative results (the via negativa property)

Nassim Taleb scores high in the “Crank Test” that Martin Gardner explains in “Fads & Fallacies in the Name of Science“. In particular, Nassim seems to fit this description by Gardner:

“Cranks tend to invent their own terminology, sometimes their own sciences, and tend to write in their own overcomplicated jargon. Beware of the article that discusses a science with terminology not found on Wikipedia. Beware of any scientist that invents his own name for a new science. Obviously all new sciences do originally need to be named, but the number of crank theories with made-up names is much, much larger. And beware of any article that is written with such jargon in an overcomplicated way that makes no sense. Don’t jump to the conclusion that the author is smarter than you; he may simply be a crank.”

Yet I agree with him in many of his points of view. Maybe because I like risk and don´t trust overcomplicated schemas. Engineering tends to demonstrate you that most of the time simple things outperform and are more versatile than complex/difficult to understand ones.